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Actividad ovárica, fertilidad y el Método de
la Ovulación Billings
Profesor Emérito James B.
Brown |
Fisiología
de la ovulación
La ovulación
ocurre dentro de aproximadamente 15 minutos, y aún cuando se
liberen más de un óvulo, como en un embarazo de mellizos, estas ovulaciones
múltiples ocurren muy próximas entre sí. Así, la ovulación es el único
evento del ciclo menstrual con un tiempo acotado muy preciso. El mecanismo
ovulatorio produce dos hormonas ováricas, estradiol y progesterona. El óvulo
está contenido dentro de un folículo ovárico y madura cuando éste
alcanza la fase de rápido crecimiento, en la que produce cantidades
crecientes de estradiol. Esta hormona estimula las glándulas del cervix
para que secreten un tipo particular de moco (“moco con características
fértiles”), el cual es esencial para que el esperma atraviese el cervix
y alcance el óvulo. El estradiol también estimula el crecimiento del
endometrio, que recubre el cuerpo del útero, o sea la matriz (“fase
proliferativa”).
Después
de la ruptura del folículo y la liberación del óvulo, el cuerpo amarillo
formado a partir de aquél, secreta tanto estrógenos como progesterona.
El rápido aumento en la secreción de progesterona, neutraliza el efecto
de los estrógenos sobre el cervix y el epitelio vaginal, y causa el
cambio de progesterona (PC) en el patrón mucoso, próximo a la ovulación
y define el día Cúspide (el último día de flujo con características fértiles
previo al cambio). La
progesterona también actúa sobre el endometrio previamente estimulado
por los estrógenos, volviéndolo apto para la implantación del óvulo
fertilizado (“fase secretora”). En ausencia de un embarazo, la secreción
de estradiol y progesterona alcanza un máximo aproximadamente 7 días
después de la ovulación y luego declina. Esto conduce a la desintegración
del endometrio como sangrado menstrual, 11 a 16 días después de la
ovulación.
Los
cambios cíclicos en la actividad ovárica están controlados por la
secreción de dos hormonas por la glándula hipofisis situada en el
cerebro, la hormona folículo-estimulante (FSH) y la hormona luteinizante
(LH). La producción de estas dos hormonas está a su vez controlada por
un área del cerebro denominada hipotálamo. El hipotálamo actúa como
una computadora, analizando las señales
nerviosas de otras áreas del cerebro, incluyendo aquellas que son
generadas por las emociones y los factores ambientales, como el estrés y
la nutrición; también analiza las señales
hormonales (estradiol y progesterona) generadas por los ovarios y
otras glándulas endócrinas y que son transmitidas por el sistema sanguíneo.
La sumatoria de todos estos efectos determina la calidad de la actividad
ovárica producida.

Figura 1. La relación entre los
eventos hormonales del ciclo reproductivo femenino con el registro de estampillas. En la fase infértil
preovulatoria de un ciclo de duración promedio, la mujer observará
sequedad (estampilla verde) ó un flujo sin cambios (estampilla amarilla).
En una fase preovulatoria extensa, pueden ocurrir cualquiera de los dos
patrones de infertilidad en diferentes momentos. ER,
ascenso de estrógenos. PC,
cambio de progesterona. X (sobre la estampilla) = Día Cúspide.
El ciclo
ovárico progresa a través de una serie bien ordenada de eventos (ver
figura 1). Debido a la elevada secreción de estradiol y progesterona por
el cuerpo amarillo que actua por vía del hipotálamo. Se suprime la producción
de FSH y LH por la glándula hipofisis durante la ultima fase del ciclo precedente.
Al final del ciclo se producen niveles decrecientes de
estradiol y progesterona, y elimina esta supresión para elevar los
niveles circulantes de FSH. Los folículos dentro de los ovarios necesitan un nivel de
umbral de FSH, y por debajo del esto permanecen
inactivos. Inicialmente los valores de FSH están por debajo de este nivel
de umbral, pero cuando se elimina la supresión hormonal, aquellos se
elevan hasta que el nivel de umbral es alcanzado por algunos de los folículos
más sensibles, aquéllos que tienen el mejor suministro sanguíneo. Estos
folículos comienzan su fase de rápido crecimiento, mientras que los folículos
restantes, niveles de umbral no fueron alcanzados, permanecen en estado latente.
Este es un mecanismo esencial para la conservación de los folículos, de
modo que la cantidad inicial al momento del nacimiento, alcance para todo el
período de la vida reproductiva del individuo. Esta es la fase de
reclutamiento del ciclo ovárico. Una vez que un folículo comienza su
fase de rápido crecimiento, hay sólo dos resultados posibles. O bien
progresa hacia su destino esencial, la ovulación y la potencial formación
de un nuevo individuo, o falla en su carrera hacia la ovulación y muere a
través del proceso de atresia. Ya no puede retornar al grupo original de
folículos.
Se necesitar varios días
de crecimiento, antes que los folículos en desarrollo secreten suficiente
estradiol en el sistema sanguíneo, para
proporcionar la señal al hipotálamo/pituitaria que se alcanzó el
nivel de umbral de FSH. Hay
también un nivel intermedio de producción de FSH, que debe ser excedido
antes que un folículo sea finalmente impulsado
para completar el proceso íntegro de la ovulación; y un nivel máximo,
que no debe ser excedido, pues de otra manera se estimularían demasiados
folículos causando una ovulación múltiple. Este nivel máximo está sólo
un 20% a 30% por encima del nivel de umbral, por lo que la FSH debe
aumentar lentamente y es esencial un preciso control de retroacción
por el estradiol producido por los folículos en desarrollo.
La selección del folículo que
ovulará, se logra por el siguiente proceso. Cuando un folículo se
desarrolla, se aumenta su contenido de células granulosas y produce
cantidades rápidamente crecientes de estradiol. Al mismo tiempo,
se disminuye su necesidad de FSH para mantener su tasa de crecimiento, es
decir, disminuye su nivel de umbral de FSH. Así, el folículo más avanzado, rápidamente
se pone en ventaja, al convertirse en el principal productor de estradiol
y ésto reduce la producción de FSH por la pituitaria a una tasa
suficiente para mantener su crecimiento rápido, pero los niveles
caen por debajo de los umbrales de sus competidores menos avanzados, los que
dejan de crecer y se atrofian (mueren). Sólo cuando dos o más folículos
estén igualmente nivelados en su carrera hacia la ovulación, se producirán
ovulaciones múltiples. La caída de los niveles de FSH, causada por el
ascenso del estradiol, también inicia un mecanismo de maduración dentro
del folículo dominante, que lo vuelve receptivo a la segunda
gonadotropina producida por la pituitaria, la hormona LH, mientras que sus
competidores no han alcanzado dicha etapa.
Los altos niveles de estradiol
también activan un mecanismo de retroacción positivo en el hipotálamo,
el cual causa que la glándula pituitaria libere un aumento masivo de
LH. Este brusco aumento de LH es el gatillo que
inicia el proceso ovulatorio y la ruptura del folículo (ovulación) se
produce aproximadamente 36 horas después del comienzo del aumento ó
17 horas después que se alcanza el valor máximo de LH (pico de LH). La
producción ovárica de estradiol alcanza un máximo (la cúspide
preovulatoria de estrógenos), aproximadamente 36 horas antes de la
ovulación y luego desciende conforme al progresad el mecanismo ovulatorio.
Esta caída es un marcador importante que indica el final de la fase de
rápido crecimiento de ese folículo, ya sea que prosiga hasta la ovulación
o se degenera. El aumento súbito de LH provoca alguna
luteinización del folículo antes de su ruptura y esto conduce al
comienzo de la producción de progesterona.
Por eso, una mujer que controla su
producción de estrógenos y progesterona, verá un marcado ascenso en los
niveles de estrógeno hasta alcanzar un máximo, seguido por una caída.
Ella sabe que la ovulación se producirá en las siguientes 24 horas después
de identificar el día de la caída y que éste es el día más fértil de
su ciclo. Si la ovulación está en verdad ocurriendo, es decir, se ha
producido el aumento súbito de LH y ha provocado el proceso ovulatorio, ella también
detectará en el día de la caída, un aumento minimo en el nivel de
progesterona.
Se puede especificar, dentro de un
rango pequeño, el nivel real de producción de progesterona, asociado con
el momento de la ovulación, aplicable para la mayoría de las mujeres, y
este nivel, en presencia de una caída de estrógenos, es un indicador muy
preciso del momento de la ovulación. Sin embargo, si la caída de
estrógenos, señala el final de la fase de rápido crecimiento de un
folículo que no va a ovular, no se detectará ningún aumento en la
progesterona (ciclo anovulatorio) ó este ascenso será minimo y no
progresivo (folículo luteinizado sin ruptura). Después de la ovulación
, el folículo roto se transforma en el cuerpo amarillo y la producción de
progesterona aumenta rápidamente (aproximadamente se duplica cada día)
junto con un segundo aumento en la producción de estradiol. El ascenso de
los niveles de progesterona provoca el cambio de progesterona en el
moco cervical, lo que permite que se calcule el día Cúspide. La
disminución de los niveles de progesterona al final del ciclo provoca el
sangrado menstrual. La producción de estradiol también disminuye al
final del ciclo, pero esta caída es menos importante para inducir el
sangrado, que la caída de la progesterona. El
sangrado siempre sigue al ascenso postovulatorio de progesterona y a
su caída, pero un correspondiente aumento y caída de la producción de
estradiol, sin producción de progesterona, como en la actividad ovárica
anovulatoria, puede ó no, ser seguido por un sangrado.
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